Madres biológicas, madres de nacimiento, primeras madres, otras madres, madres de origen… como sea, siempre madres, las que por naturaleza debemos ser, las que por lógica debemos seguir, las que no podemos rendirnos, las que debemos decidir, las que esperamos, las que gestamos, las que nos despedimos, las que siempre estamos.
Invisibles, por los procesos legales, por la presión de la sociedad, por los momentos difíciles, por la familia, por el miedo.
Solas, porque así decidimos, porque no nos perdonamos, porque nadie nos ayuda a cargar con el peso inmenso de la distancia, porque un hijo nunca se reemplaza, porque el silencio es eterno, porque no nos atrevemos a mas. Incompletas, porque la cama está vacía, porque el vientre esta vacio, porque no hay a quien leerle un cuento, porque no hay a quien consolar en las noches, porque no hay a quien abrigar cuando hace frio, porque no hay a quien curarle las heridas, porque no hay a quien enseñarle a leer, porque no hay a quien ver crecer, porque no hay quien diga “mama”.
Heridas, de tiempo, de soledad, de parto, de hospital, de puntos, de cirugías, de senos que no alimentan, de calor que no se comparte, de caricias que no se entregan, de palabras que no se dicen, de abrazos que no se reciben.
Esperanzadas, en el reencuentro, en una sonrisa, en el bienestar, en el futuro, en los planes, en re-conocernos, en la mirada, en reparar, en un retazo de alegría, en la certeza, en la verdad.
Silenciosas, por miedo, por dolor, por no tener palabras, por no estar listas, por no tener una razón, por falta de apoyo, porque atentamos contra la naturaleza, por el dedo que señala, por el amor perdido, por lo que se pudo ser y no fue, por el estigma, por el costo social de la entrega.
Pero…como sea, siempre madres….”
Monica Sierra
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