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RACISMO Y XENOFOBIA

No había reflexionado mucho sobre el racismo ni la xenofobia hasta que me volví algo sudamericana y algo negra. Pensaba, como la mayoría de las personas de este país, que el racismo se limitaba a escupir, pegar o matar a personas de otro color diferente al blanco. No me había planteado que el color “carne” de las pinturas no era sólo el beige, ni que las personas “de color” fueran otras distintas a las negras y/o de piel oscura. Simplemente no lo pensaba, no le daba importancia como hace la mayoría de la gente que conozco pero sí que en mí hay una diferencia con respecto a ellos, yo estoy siempre dispuesta a escuchar, aprender y reflexionar de nuevo sobre cosas que creía que sabía.

El día que me volví algo sudamericana y algo negra, todo un mundo oculto se abrió ante mis ojos y me asombré muchísimo porque ese día descubrí que el racismo no era cosa de grupos extremistas o algo que perteneciera al pasado, el racismo existía en cantidades alarmantes y podía manifestarse de muchas maneras y con diferentes intensidades. He aprendido que el racismo se hereda de generación en generación y la sociedad en la que vivimos refuerza su aprendizaje desde que somos pequeños a través de mensajes erróneos esparcidos en los medios de comunicación, las series de televisión, los compañeros del instituto, los de trabajo y hasta en tu círculo de amistades. Nos enseñan a llamar “machupichu” al sudamericano y que son unos pandilleros, que los negros viven con taparabos en la selva y necesitan ayuda de “países civilizados” para aprender a ganarse la vida, que son más fuertes que los blancos pero menos inteligentes, huelen “distinto”, tienen mejor ritmo, el miembro viril más grande y son potencialmente desconfiables, que los rumanos son matones y los gitanos no se lavan, ni saben vestir bien, son peligrosos y maltratadores, que los chinos son ingenuos y fácilmente explotables, etc…

Algunas creencias discriminatorias sobre los diferentes grupos étnicos, se han ido propagando también a través de expresiones populares: “Me engañaron como a un chino”, “No me compares a Dios con un gitano”, “Esto es una merienda de negros”, “Oro del que caga el moro” y otras más que todos conocemos han ido calando poco a poco, casi de forma subliminal, en nuestra percepción de la gente de otra raza o extranjera. Todo el mundo las repite porque las han escuchado y no se han parado a reflexionar sobre el mensaje que transmiten, puede que porque consideran que no les hace falta… A fin de cuentas los estereotipos xenófobos y racistas tienen una utilidad sino ya habrían dejado de existir y esa utilidad es la de despertar el instinto de protección contra lo diferente que inconscientemente nos podría suponer una amenaza.

El día que me volví algo sudamericana y algo negra, me hice sensible a los prejuicios e intenté luchar contra ellos, hacer pedagogía, reflexionar con las personas que los tenían para que comprendieran, igual que lo hice yo, que esas creencias son falsas pero me topé con una negativa rotunda, hipocresía en estado puro y mucha ignorancia, es más, incluso he soportado burlas. Esto me hizo aprender que no puedo cambiar el mundo pero sí elegir a quién quiero en mi entorno aunque me preocupa que los niños pequeños, adoptados o no, que tengan unos rasgos diferentes y vivan en España, van a tener que crecer como hemos crecido todos y convivir con esas ideas que infravaloran y en algunos casos hasta insultan a las personas que se asemejan a ellos. Pienso en cómo van a construir su identidad, cómo va a influir en su autoestima y qué imagen van a acabar desarrollando sobre ellos mismos ante el bombardeo de mensajes negativos al que van a estar sometidos, y lo que es peor, la falta de reconocimiento y la negación de la sociedad en la que van a vivir ante estos problemas.

Esta mañana iba escuchando en el coche el programa de Buenos Días Javi Nieves de Cadena 100, cuando la presentadora ha leído una selección de las sesenta y cinco formas graciosas de decir que te estás haciendo caca y entre las cinco frases que ha seleccionado, dos eran las siguientes: “Hamilton está en el pole” y “Me saludan los Jackson Five”… Rauda y veloz he publicado un mensaje en el Facebook del programa, quejándome sobre estos chistes racistas que estaban comparando a las personas de raza negra con la mierda. Me pareció que debía actuar porque a la postre, se divulgaron en una franja horaria de máxima audiencia para todos los públicos, ya que se emite a la hora en la que estamos yendo todos a trabajar y llevando a los niños al colegio. He obtenido 16 “Me gusta” mientras que la única persona que ha hecho alusión a mi comentario, diciendo que no he debido oir hablar del humor negro y que me faltaba sentido del mismo, ha conseguido 43… Como en su mensaje hablaba además de otro tema que se estaba tratando en el programa, he preferido pensar que puede ser que estas personas se estuvieran refiriendo a la otra anécdota que contó, cuando de repente, recordé la campaña que muchos secundamos a favor de que Carrefour etiquetase las tiritas de “color piel” de una manera más acorde a la realidad de muchas personas españolas que conforman su amplia clientela. Los comentarios de la gente fueron sorprendentes, sin embargo conseguimos nuestro cometido. Si queréis leer las reacciones podéis hacerlo en este link perteneciente al Blog de Una Madre de Marte: http://madredemarte.wordpress.com/2012/06/23/de-tiritas-y-dinosaurios/

El día que me volví algo sudamericana y algo negra sentí sufrimiento, estupor, indignación, enfado y la necesidad de armarme de herramientas y profundizar más en temas de discriminación, racismo y xenofobia porque además descubrí que yo sólo sabía que no sabía nada…

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