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EMDR – el cerebro a veces se “contractura”.

Hace varios años nos llegó una propuesta de colaboración a nuestra asociación, venía remitida por una profesional en psicología y adopción con la que nosotros siempre hemos tenido contacto y en la que confiamos. Nos hablaba de una técnica empleada en terapia con pacientes que habían sufrido algún tipo de estrés postraumático y estaba interesada en investigar qué uso podría tener para la población adoptiva, ya que en sus 20 años de existencia, se fueron alcanzando resultados exitosos para abordar con el paciente un amplio abanico de síntomas que los inicialmente descubiertos (incluso tratamiento de adicciones).Así fue como supimos de la EMDR, querían probarla para identificar su utilidad en lo relativo a los sentimientos, vivencias, comportamientos que tenemos en común los que somos adoptados además de lo que cada uno independientemente hubiera podido experimentar a lo largo de toda su vida.

Me animé a probarla al llegar a un punto de estrés emocional que me agotaba y porque me la recomendaron los compañeros de La Voz. Me sentía herida, ansiosa, irritable, incapaz y enfadada. La bomba que a veces podemos llegar a sentir dentro, estaba a punto de explotar. Es una de las mejores decisiones que he tomado. He aprendido mucho sobre cómo funcionamos a nivel emocional las personas y sobre todo me ha servido para ser capaz de analizar mejor las situaciones, así como para resolver duelos pendientes, que aunque los razonaba antes de la EMDR, no había llegado a poder reprocesarlos.

En mis propias palabras, nada técnicas sino basadas en la experiencia, diría que todo cerebro cuando sufre una experiencia traumática (en el caso de los adoptados: Abandono/ruptura con la familia biológica e institucionalización más lo que tú vivas derivado de haber sido adoptado o percibas de futuras experiencias, comentarios…) se contractura como te puede pasar en el cuello si coges una mala postura. Esa contractura que tenemos en ocasiones nos provoca tristeza, miedo, rabia, dificultad para discernir quiénes somos, vacío, sensación de ser diferentes… La EMDR, en mi opinión, actúa de fisioterapeuta y te da un “masaje” cerebral que hace que puedas ver las cosas de otro modo, rebajando ante todo el nivel de malestar que sientes en ciertas ocasiones o al pensar en algunos recuerdos, o incluso hipótesis futuras. En la Voz a esas emociones sobrepasadas las llamamos “tener cohetes”, término adquirido aquí:  La maternidad toda una aventura

Esta técnica actúa al estimular una parte de tu cerebro mediante un movimiento ocular a raíz de traer a tu mente un recuerdo que te provoque cierto malestar. Sueles empezar con recuerdos de la infancia ayudada por la psicóloga para identificar dónde puede haber miga. Algo de lo que muchos podemos tirar y con lo que yo empecé fue el primer día de colegio, que fue la primera vez que me separé de mis padres. Me llevaron a un sitio donde iba a hacer cosas divertidas pero no me informaron de que ellos luego se volverían a casa y me dejaron allí sin yo poder tener seguridad en qué ocurriría después ¿Cómo es esto? ¿Me vendrán a buscar? Pasé las siguientes semanas preguntándole a mi padre durante todo el camino al colegio qué estaba haciendo mamá en ese momento y él me explicaba: “Ahora se está poniendo un vestido, ahora se está peinando, ahora se está pintando los labios…” Para cuando entraba en clase, ya debería estar llegando ella y mi cabeza lo calculaba así. Convencía a mis amigas para que se pasaran el recreo asomadas a la verja conmigo porque ya debería aparecer mi mamá por la calle. Tenía 3 años y fui adoptada con 3 días.

Las pérdidas y/o separaciones en general nos afectan (incluso cuando te deja un novio puedes montar un drama exagerado – disparador de emociones desbordadas- o puedes reaccionar como si te resultase indiferente -mecanismo de defensa que emplea tu cerebro cuando le das en la “contractura” que más le estorba-)

Es un ejemplo, pero ha sido un año y medio de vivencias y recuerdos que desde luego me han llevado a pensar que adoptar a un bebé no es tan fácil como lo que la gente se cree, no venimos tan en blanco. Perder la única figura de referencia con la que estuviste vinculado 9 meses, sin cuya existencia no podrías sobrevivir no tiene pinta de resultar ser una tontería. Ahí está el duelo por abandono, que por lo que he experimentado, toca muchas conexiones neuronales y debido a ello, reaccionas a veces como lo haces siendo ya un adulto.

Esta es una ínfima parte de un largo recorrido que yo hice aunque cuando empecé pensaba que no habría mucho con lo que trabajar porque estaba estupendamente, de forma racional tal vez sí, pero lo irracional se escapa a menudo a nuestra consideración…

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