Hace varios años nos llegó una propuesta de colaboración a nuestra asociación, venía remitida por una profesional en psicología y adopción con la que nosotros siempre hemos tenido contacto y en la que confiamos. Nos hablaba de una técnica empleada en terapia con pacientes que habían sufrido algún tipo de estrés postraumático y estaba interesada en investigar qué uso podría tener para la población adoptiva, ya que en sus 20 años de existencia, se fueron alcanzando resultados exitosos para abordar con el paciente un amplio abanico de síntomas que los inicialmente descubiertos (incluso tratamiento de adicciones).Así fue como supimos de la EMDR, querían probarla para identificar su utilidad en lo relativo a los sentimientos, vivencias, comportamientos que tenemos en común los que somos adoptados además de lo que cada uno independientemente hubiera podido experimentar a lo largo de toda su vida.
Me animé a probarla al llegar a un punto de estrés emocional que me agotaba y porque me la recomendaron los compañeros de La Voz. Me sentía herida, ansiosa, irritable, incapaz y enfadada. La bomba que a veces podemos llegar a sentir dentro, estaba a punto de explotar. Es una de las mejores decisiones que he tomado. He aprendido mucho sobre cómo funcionamos a nivel emocional las personas y sobre todo me ha servido para ser capaz de analizar mejor las situaciones, así como para resolver duelos pendientes, que aunque los razonaba antes de la EMDR, no había llegado a poder reprocesarlos.



